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Desde Matanzas, la Atenas de Cuba

Un brindis también por los 90 de Zeida

Por: Alina Guede Rojas

De lo que somos capaces las mujeres del verde y hermoso caimán que reposa en aguas del Mar Caribe, a nadie le cabe dudas.

Y es que las nacidas en esta tierra somos de la estirpe de Guamuaya, Mariana, Amalia, Celia, Haydee, Vilma..........y tantas otras que la lista sería interminable.

Las cubanas, además de llevar sobre nuestros hombros las agobiantes y no siempre compartidas tareas domésticas, el cuidado y la educacion de los hijos, hemos sabido ejercer con firmeza la voluntad de salir adelante, a pesar de las escaceces, a pesar de algunas incomprensiones.

Las que hoy rebasamos las cinco décadas, desde la época del preuniversitario conocimos del peculiar olor del campo poco antes de que el amanecer nos sorprendiera en alineadas literas de albergues estudiantiles, repletos de inexpertas muchachas en el laboreo agrícola, pero con un entusiasmo y unas ganas tremendas de ser utiles a la hermosa obra que entre todos construíamos.

Lo mismo recogíamos caña, que la sembrábamos, cosechábamos tomate, pepino, papa, malanga, hojas de tabaco, café.........lo que hiciera falta. Casi siempre a golpe de desentonadas canciones de Silvio y Pablo y hasta de alguna rumba improvisada.

Al final del dia terminábamos cansadísimas y roncas de tanto cantar y reír, porque si trabajo no faltaba, alegría tampoco. ! Qué tiempos aquellos, éramos tan jóvenes....... !!!!!!!!!!!!!!!

Pero ese no fue el caso de Zeida Ruiz Sayas, que por la etapa juvenil a la que me refiero, ya ella rondaba los 50 y sin embargo, no habia trabajo voluntario de domingo, ni movilización permanente en la agricultura que se perdiera.

Y eso, sin dejar de ser la primera en llegar y casi la última en marcharse del Ten Cent, de la ciudad de Matanzas, comercio donde trabajó casi casi desde su fundacion y durante 27 años, primero como suplente, luego empleada y después, jefa de piso.

Claro, además de su labor como tendera, a la par llevaba los quehaceres domésticos y el cuidado de Rubencito, su único hijo

Sus compañeros de entonces la definen como “ cumplidora, exigente, laboriosa, modesta, amable, amiga ”.

Uno de ellos, Quesada, asegura que “ Zeida no faltaba ni a un trabajo voluntario... hasta caña cortó ...oigame, y eso no es fácil ni para las hombres !!!!!,

“ Como era de más edad que nosotros, le decíamos cariñosamente la vieja rusa- por su pelo blanco, que siempre protegia del sol con un sombrero”.

Zeida fue fundadora de las Milicias Nacionales Revolucionarias, los Comites de Defensa de la Revolucion (CDR) y la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), y de estas dos últimas organizaciones ha recibido incontables reconocimientos, fundamentalmente en la base, en su cuadra; donde todos la admiramos por la dedicacion y el amor que ha puesto en cada una de las muchas tareas que ha realizado y aún realiza.

Como vanguardia nacional del Sindicato de los Trabajadores del Comercio, estuvo en dos ocasiones con Fidel en tribunas por importantes conmemoraciones, y como militante del Partido Comunista, organización a la que con orgullo pertenece, ocupó diferentes reponsabiliades.

Pero lo que más llama la atención en Zeida es su entrega total a cuanta tarea la requiera, con una naturalidad tal, que cualquier sacrificio que pueda implicar, ella lo justifica diciendo: “...... pero es que era necesario que lo hiciera, era un deber ”.

Cuando treinta años atrás la Federacion de Mujeres Cubanas convocó a un grupo de mujeres a cursar estudios para manejar tractores Picolino en proyectos de la agricultura en Matanzas, Zeida no vaciló en incorporarse “ porque era necesario ”.

Dejó atrás su trabajo como empleada del comercio, se las ingenió para que este cambio de actividad laboral no la desviara totalmente de la atencion del hogar y se dedicó en cuerpo y alma a lo que en aquel momento, para ella, era lo más importente.

Su desempeño como tractorista fue tan eficiente, que tiempo después quedó al frente de esa escuela, a la que asistían jóvenes desvinculadas del estudio y el trabajo.

Concluida esa misión, y ya con edad para la bien merecida jubilación, retornó nuevamente a laborar en la ciudad matancera que la vio nacer, pero poco duró en tales menesteres porque de nuevo su presencia fue requerida – a tiempo completo-- en una tarea de mucho amor: el cuidado de sus nietos Esteban e Isabel.

No lo pensó dos veces. Se jubiló y compartió los cuidados de los muchachos con las tareas del CDR, la Federación de Mujeres Cubanas y el núcleo del Partido Comunista de Cuba (PCC).

Desde entonces, han pasado muchos almanaques, los nietos le han dado bisnietos y por estos dias de jubileo para el pueblo cubano, por lo que representa la efeméride del Moncada, el cumpleaños 90 de Zeida no podia pasar por alto.

Viejos compañeros de trabajo, vecinos, familiares, fueron responsables del jolgorio, y también de las flores, la música, los chistes y hasta de las golosinas que tanto le gustan a nuestra querida Zeida.

Brindamos, ¡Cómo no brindar si tenemos muchar razones para hacerlo! : brindamos por los 90 de Zeida y por todos los que aún le faltan por vivir; por los 55 años de asalto a la historia que este 26 de julio conmemoramos , y por la obra de la Revolución a la que tanto esfuerzo le ha dedicado esta ocupada y preocupada mujer, para quien lo necesario se hace ineludible.

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