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Desde Matanzas, la Atenas de Cuba

Con Céspedes, eternamente en deuda

Por Leonor Fariña Portela

 

Tañir de campanas. Ruptura de cadenas. Sueños compartidos de libertad, igualdad y justicia.

 

No podía dejarse para otro día. Tenía que ser el 10 de octubre de 1868. “ Ya no había paciencia para más tributos, ni mejillas para más bofetones ”, como bien dijera Martí.

 

Allá en La Demajagua, en ese preciso momento comenzó a forjarse la nación: la de criollos y negros, la de cubanos.

 

Ese día, Céspedes “ como volcán que viene tremendo e imperfecto, de las entrañas de la tierra ”, llamó a la rebelión  contra el terror, contra el látigo, contra el oprobio.

 

De su ejemplo se nutrieron las generaciones futuras: la de Villena y Guiteras, la de Frank y Fidel, la de nuestros Cinco Héroes prisioneros del imperio.

 

Por eso, los cubanos estaremos siempre agradecidos del 10 de Octubre de 1868 que se hizo realidad un 1ro de enero de 1959, y eternamente en deuda con quien, al decir de Martí “ no fue más grande cuando proclamó a su Patria libre, sino cuando reunió a sus siervos y los llamó a sus brazos como hermanos ”: Carlos Manuel de Céspedes, el Padre de la Patria.

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