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Desde Matanzas, la Atenas de Cuba

La musa vive un año más

Por Maritza Tejera García

Hoy  es martes. Debió ser jueves, el día preferido de la poetisa. No se sabe si porque fue ese el escogido de la semana para su nacimiento en 1922, en una casona de la calle Tirry marcada con el número 70, una cuadra antes de donde ha vivido, puede decirse que casi toda su vida.

En el patio de la casa la malanga reverdece y el galán de noche, en signo de ofrenda, perfuma también el día. Los gatos se muestran inquietos.

Sin embargo, la musa, con su traje de todos los días y su azul sonrisa de siempre vive un día más, sentada en la saleta de su casa o descansando en el gabinete dental del padre que ahora le sirve de dormitorio, el mismo en el que  tantas veces se escondió para escribir los primeros versos. Carilda, la musa de Matanzas, está de cumpleaños.

Su biógrafo, Urbano Martínez Carmenate, afirma que de ese modo, sentada en la saleta de su casa, ha ganado todas las batallas. El secreto del éxito: el talento y el tiempo. Cuenta que a la escritora los lunes le caen mal y los domingos es desdichada. Pero…, paradojas, los lunes y los sábados han ocurrido acontecimientos trascendentales para ella.

¿Su hora predilecta? Noctámbula por condición, las 11:00 de la noche, cuando se anuncia la madrugada.

Premio Nacional de Poesía en 1950 –por su libro Al sur de mi garganta- y de Literatura en 1997, en marzo de 1957 escribe su Canto a Fidel, para el antiguo condiscípulo suyo en las aulas de la Escuela de Derecho, en la Universidad de La Habana.

Pero  no sólo se atreve a cantarle al líder de la insurrección en plena dictadura batistiana, sino que además envía su Canto a la Sierra Maestra entre la suela y la plantilla de las botas de un guerrillero.

Así, el Canto a Fidel se dio a conocer al mundo el 3 de septiembre de 1958, en la inauguración del Tercer Frente Oriental Mario Muñoz y fue publicado por primera vez en el periódico yumurino El Imparcial, con una foto de su autora y otra del Jefe de la Revolución Cubana.

Premio Internacional Rafael Alberti, Artista Emérita de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba, ha publicado alrededor de 40 títulos de poesía y prosa.

Con su lírica Carilda se convirtió, sin proponérselo, en una defensora de la matanceridad y la cubanía. El sentido de pertenencia a su tierra ha resistido toda prueba.

Cuando pasen los años, mi generación, lo que quede de las anteriores, y hasta los jóvenes, cantarán sus versos y se contarán historias de la poetisa de Tirry 81, que no abandonó nunca su casa, la Patria, los gatos, las aguas y lo olores de su ciudad.

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