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Desde Matanzas, la Atenas de Cuba

A lo cubano, esperando el año nuevo

A lo cubano, esperando el año nuevo

Brindis por un Bebé

Por Alina Guede Rojas

Los cubanos somos fiesteros por naturaleza. No hay boda, cumpleaños,“ Día del trabajador de… ”cualquier cosa, que no celebremos.

Y no necesitamos de un gran poder adquisitivo para festejar,  porque con música grabada que jamás falta,  el socorrido “plato” y  la botella de ron o vino per cápita que aportamos en casi todas las ocasiones, resulta más que suficiente para pasar un rato agradable entre amigos o familiares.

El que gusta de bailar, baila; el que prefiere un partido de dominó, lo juega; y hasta aquellos que prefieren cantar acompañados de una guitarra o un karaoke, se divierten de lo lindo.

Durante la rumbantela, reímos como locos hablando sobre los avatares del oficio, o las maniobras increíbles que hacemos para asegurar la proteína en la mesa  y  hasta de nosotros mismos.

¡Ah !  pero la celebración por el fin de año es harina de otro costal. Ahí sí que botamos la casa por la ventana, aunque después --- hasta el próximo cobro--  nos salgan telarañas en los bolsillos.

¿En qué casa, por humilde que sea, no se come ese día una sabrosa comida criolla, no se toma alguna bebida, y no se brinda a las doce?

Lo mismo vale para los que esperan el año nuevo en cabarets o áreas recreativas al aire libre. En todos los casos,  se reparten besos a diestra y siniestra, incluso a desconocidos.

¿Y qué decir de la tiradera de agua para la calle,  minutos después de las algarabía que se forma a las medianoche? Cubazos van y cubazos vienen. Nunca he comprendido el por qué de esta tradición. No se si es para que el agua arrastre lo malo que nos pasó durante el año viejo o si es para limpiar al que recibimos. Pero lo cierto  es que la tiradera de agua no falta y de qué manera.

No sería justo  dejar de mencionar a aquellos que en el último minuto del año que se va, se encuentran cuidando nuestras fronteras, detrás de un micrófono o en medio de un salón de operaciones para salvar una vida, por citar algunos,   y tienen que postergar la celebración porque el cumplimiento de su  deber así lo requiere.

En fin, el 2011 ya casi termina. Por delante nos espera 2013, 2014… ¿cuántos más ? Nadie lo sabe. La vida es un camino por el que corremos, caemos, nos lastimamos, nos levantamos y volvemos a andar, y así continuamente  hasta que la inoportuna parca nos lleve definitivamente al reparto “Bocarriba”, como decía el bonachón de Pancho, mi segundo padre.

Mientras tanto, disfrutemos de la vida,  porque además de ser una sola, buena, regular o mala es la que nos tocó.  Este 31 de diciembre, justo a las doce de la noche,  debemos alzar nuestras copas, jarritas o vasitos desechables para  brindar por el Bebé 2012, que está a punto de nacer. Y algo importante, por si las moscas, tire para la calle  su cubito de agua, que si bien no hace, mal tampoco.

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