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Desde Matanzas, la Atenas de Cuba

Siglo y medio de esplendor artístico

Siglo y medio de esplendor artístico

Por: Ana González Goicochea

San Carlos y San Severino de Matanzas, ciudad cubana que se funda en octubre de 1693 en un sitio privilegiado del norte de la isla y que se distingue entre sus variados patronímicos por el de “Atenas de Cuba”.

Quizás fue la disposición geográfica de esta urbe que nace a la vera de una hermosa y amplia bahía de aguas tranquilas y que crece en busca de las colinas que atraviesan los ríos Yumurí, San Juan y Canímar, el motivo de inspiración, quizás fue la fusión de las intenciones de toda la intelectualidad del lugar, quizás ….

El hecho es que Matanzas acumuló por sí sola la gloria artística de una buena parte del siglo XIX cubano.
Así, la introducción de la imprenta en 1813, el florecimiento de los versos y ensayos teatrales de José María Heredia, la creación de la Biblioteca Pública, a iniciativa de Tomás Gener y Domingo del Monte en 1835, el desarrollo las famosas tertulias y la fundación en 1842 de La Guirnalda, primera revista literaria matancera, resultaron más que novedades, acciones que matizaron el amplio programa cultural de la época.

Inquieto y ardoroso ambiente que cobijó la rima de José Jacinto Milanés, de Gabriel de la Concepción Valdés (Plácido), Francisco Manzano y de Miguel Teurbe Tolón, entre otros.

Continuidad o prolongación, la década del 60 llega con la consolidación del Liceo Artístico y Literario, la inauguración en 1863 del Teatro Esteban (hoy Teatro Sauto, Monumento Nacional) y al año siguiente el Instituto de Segunda Enseñanza.
Fueron estas crónicas de oro, de irrepetible trascendencia, las que motivaron el lanzamiento en público de una propuesta única y que, para orgullo de los matanceros, ha pasado de generación en generación.

En 1860, Rafael del Villar sugiere el título "La Atenas de Cuba", y la aprobación es unánime, porque la imagen ya vivía en el pensamiento de los que veían la similitud del progreso artístico de la ciudad con el renacimiento europeo de siglos anteriores.

Cuna de José White, afamado violinista de renombre  internacional, de Miguel Failde, (creador del Danzón, Baile Nacional de Cuba), y de la rumba,  género en el que se destacan agrupaciones como Los muñequitos de Matanzas y Afrocuba.
Matanceros son también Aniceto Díaz, padre del Danzonete  (versión cantada del danzón), Dámaso Pérez Prado (compositor de los mambos conocidos como Mambo Nº5), Arsenio Rodríguez (Tresero y compositor que revolucionó la interpretación del son) y Barbarito Díez (excepcional intérprete de géneros como el danzonete), entre otros.

Riqueza o tradición, herencia o tesoro local, en estas tierras bañadas por el Yumurí y el San Juan también nacieron Carilda Oliver (Premio nacional de Literatura), Juan Luis Hernández Milián (Poeta y premio Nacional de Traducción), René Fernández (Dramaturgo y Premio Nacional de Teatro), Agustín Drake (Ceramista y escultor) y el Doctor José Antonio Méndez Valencia (director del coro de Cámara de Matanzas)

Así han transcurrido 150 años del más perfecto de los apelativos, de un sobrenombre, el de mayor fuerza ganado por Matanzas que encierra también la caracterización de los hijos de un lugar al que Fidel llamó, “Pueblo laborioso y culto”.

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